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Liga Profesional 2022 – Fecha 21| Huracán 3 vs. Banfield 1 | El seguimiento de cada jugador del Globo.


Lucas Chaves: La noche no pudo empezar peor para Lucas Chaves: con un gol al minuto de juego. Primera movida ofensiva de la visita, foul por atolondrado de Pizarro sobre la izquierda, tiro libre, centro pasado, el arquero que se queda clavado en la línea, y por el segundo palo prácticamente debajo del arco, Cabrera cabecea horrible, pelota al palo horizontal, Chaves que con casi todo su cuerpo dentro del arco saca la pelota con el muslo, susto enorme, salvada milagrosa. No obstante, a instancias del VAR, Echenique (que NO había cobrado gol durante el desarrollo del juego) sanciona el tanto y 1 a 0 para Banfield. Nos queremos detener en esto. Repasemos. Ni el árbitro ni el juez de línea (ambos tapados, por cierto) “ven” gol en el desarrollo del juego. Otrora, esto hubiera significado “siga siga”, acá no paso nada, luego la TV condenará o aplaudirá la decisión. Pero con la llegada del VAR, esto se revisa. Ahora bien: todas las repeticiones ofrecidas por la TV (supuestamente, las mismas que utiliza el VAR para sus revisiones) no ofrecen evidencia incontrastable de que la pelota haya traspasado en su totalidad la línea de gol. Repetimos. No hay una sola toma, una sola imagen, en movimiento o como fotograma, que demuestra sin margen para la duda que sea gol. Así las cosas, el árbitro (a instancias del VAR, repetimos) decide REVERTIR su fallo y otorgar el gol a la visita. Un gol que ni árbitro ni asistente habían visto previamente, ni se aprecia en los 5 minutos de repeticines que vimos. ¿Entonces? Independientemente de nuestra parcialidad -somos hinchas de Huracán hasta cuando reencarnemos en piedra-, no logramos entender cómo es que se revierte un fallo sin una evidencia que indique que claramente te equivocaste. ¿Da la imagen la sensación de que le pelota entró? Sí, pero yo acá tengo la sensación de que hoy me levanté siendo Brad Pitt y no loco, sensaciones aparte, el espejo no aporta ni una prueba de que tengamos algo en común. ¿Entonces? Entonces es imposible no desconfiar. Así de claro, esa es la única “sensación” que tenemos ahora, que el VAR pareciera siempre resolver las dudosas en contra de Huracán. Dejando atrás esta catarsis, Chaves no fue exigido de manera directa, las chances que tuvo Banfield (dos o tres sobre el final del partido, cuando se jugaba a todo o nada por el empate) fueron falladas por los propios delanteros de la visita, una dio en el poste cuando Chaves no tenía nada que hacer, un desvío que se va cerca… ¿Lo mejor del uno quemero? Su juego de pies. Los buscaron muchas veces y siempre resolvió bien. No deja de ser un riesgo y cada pelota que le dan, incremente la probabilidad de que una desgracia se haga presente y eso se pague con puntos perdidos, pero mientras tanto, hay que decir que Chaves con los pies es de lo mejor que hemos visto en el arco de Huracán en los últimos diez años.

Guillermo Soto: La noche del viernes fue, percances aparte, una noche emotiva, desquiciada, envuelta en una vorágine más propia de una final que de un partido -importante, eso sí- a 7 fechas del final del torneo. Soto y su desempeño fueron un reflejo de todo eso. Acelerado como nunca, intenso como siempre, obcecado para ir una y otra vez (perdimos la cuenta de cuantas veces fue y volvió Soto por esa banda derecha. Ni Forrest Gump corrió tanto). No estuvo particularmente fino con la pelota, pero su actitud y su entrega superaron cualquier carencia futbolística que pudo haber tenido. Una bestia a un nivel de bueno para arriba, como todo el equipo.

Fernando Tobio: Suspendido Lucas Merolla por acumulación de amonestaciones, tanto la capitanía como el liderazgo de la defensa, recayeron sobre los hombros de Fernando Tobio. Junto con Fattori, uno de los jugadores más regulares (y en un nivel altísimo) todo el torneo, Tobio transmitió algo que ni muchos de sus compañeros tenían ni de la tribuna bajaba (histérica como pocas veces): aplomo para jugar, tranquilidad para resolver. Con un compañero de zaga dando sus primeros pasos, fue el ancla de la línea defensiva y se conjugó a la perfección con Fattori para entre ellos, resolver los huecos a espaldas de otros y conjurar la mayoría de las acciones peligrosas de la visita. Muy subestimado cuando llegó al club, a pulso y con actuaciones sólidas y destacadas, Tobio se ha ganado el respeto y la confianza de propios y extraños.

Patricio Pizarro: Otra de las gratas, gratísimas apariciones de las inferiores del globo en los últimos meses. Ya jugó en todos los puestos de la defensa, y siempre cumplió. Contra Banfield no fue la excepción. A veces se pasa de revoluciones y sale muy lejos, y en un par de ocasiones en las que no logró anticipar quedó desactivado de la jugada teniendo que volver desesperado intentando recuperar su posición. El extraordinario sentido táctico de Fattori para entender dónde van a estar los riesgos y posicionarse para desactivarlos y la capacidad e inteligencia de Tobio para ocupar espacios a las espaldas de sus compañeros, evitaron que estas aventuras de Pizarro tuvieran consecuencias, pero sin dudas es un aspecto de su juego que debe pulir. Lo mismo aplica a sus salidas: confía en sus condiciones (y las tiene) pero por momentos arriesga innecesariamente, con poco para ganar y mucho que perder. Dicho todo esto, entendemos que hay en Pizarro un marcador central para años en Huracán. Avizoramos un futuro interesantísimo para Patricio Pizarro, y esperamos que buena parte de este se desarrolle con los colores del Globo. Para destacar especialmente: fue amonestado al minuto de juego (la innecesaria falta que derivó en el posterior gol de la visita), y supo bancarse todo el partido (un partido picante) con ese condicionamiento.

Walter Pérez 👍: Noche soñada para Walter Pérez. Al auspicioso retorno enfrentando a Boca, siguió esta imperial actuación contra Banfield. Impasable en la marca, criterioso con la pelota y punzante cuando subió. Lo hace mucho menos que Soto (lo de subir y atacar estilo wing), pero complementa a éste, en tanto Pérez es menos vertiginoso que el chileno para pasar a la ofensiva, pero mucho más correcto en el manejo de la pelota, por lo que es más un armador y generador de juego que un extremo que llega al fondo para centrar. En este sentido, entendemos que Soto y él tienen roles diferentes. Mientras el primero es un ariete que llegará como un tren hasta el área contraria aprovechando los espacios que genera Garré cuando se cierra, Pérez se desdobla como un volante adicional a la izquierda de Fattori, y juega para abastecer a Cabral, Cristaldo o incluso al mismo Cóccaro. Coronó la noche con un soberbio golazo, que además de ser tal, no pudo ser más oportuno y fue el más importante de los tres que tuvo la noche. Por el momento en que se dio, porque ya funestos presagios comenzaban a sobrevolar las almas quemeras, porque parecía que, una vez más y como tantas otras veces, esta no iba a ser la noche de Huracán. Por todo esto que contamos, en una jornada de muchos puntos altos, para nosotros Walter Pérez fue el mejor de todos.

Federico Fattori: Ya no tenemos adjetivos para Fattori. No sabemos que decir que ya no hayamos dicho antes. Otro partidazo del pelado que se incrementa su valor si tomamos en cuenta que no jugó su cómplice Hezze. De hecho, la primera media hora se notó horrores la ausencia de Hezze y le llevó un rato a Fattori compensar con su insólita capacidad táctica esa ausencia. Un poco de ayuda de Cristaldo, el equipo más corto con el adelantamiento de Tobio (algo que el DT pidió a los gritos todo el partido cada vez que Tobio no daba esos pasos al frente), y Fattori se encargó de acomodar al equipo desde adentro haciendo gravitar a todos en derredor de sus movimientos. No todos los héroes usan capa, y a veces, ni siquiera usan pelo. 

Franco Cristaldo: Con la salida obligada de Hezze por acumulación de amonestaciones, DD decidió no reemplazarlo directamente (lo que puede ser leído como que el DT lo considera irremplazable en las funciones que Santi cumple), sino probar con otro esquema. Retrasó a Cristaldo para que jugara más cerca de Fattori, tiró unos metros atrás a Cabral y Garré, y dejó arriba a Cóccaro y a Enzo Luna para que se fajaran con la defensa banfileña. Es difícil evaluar la táctica cuando a nada de comenzado el partido ya estaba Huracán en desventaja en el marcado. Es difícil también evaluar lo futbolístico en un partido que estuvo cargado de tensiones, ansiedades, emociones y en un nivel de locura que, como dice Nico Cava, “pareciera que estábamos jugando la final de la Libertadores, en el minuto 89 y perdiendo por un gol”. Pero independientemente de todo esto, nosotros vimos algunas cosas positivas en cómo se planteó el partido y en la posición de Cristaldo. Estuvo bien como lanzador (un rol en el que Kudelka lo había hecho rendir muy bien), estuvo menos de espaldas al arco contrario y más involucrado en el armado del juego y muy activo y participativo en la recuperación de la pelota. Gran mérito en el segundo gol, el de Cabral, que nace con una recuperación alta suya y con Banfield saliendo. Cotejo pleno de sacrificio y entrega para el mágico 10 quemero, que demuestra una vez más que además de fútbol, tiene corazón.

Benjamín Garré: Por momentos, es un demonio de gambeta indescifrable imposible de marcar. De a ratos, ausente sin aviso. Esto es Garré. Pero los momentos que regala cuando se enchufa, lo valen. Desparrama talento. En el primer tiempo estuvo un poco más participativo, pero menos claro. En la segunda mitad, se lo vio menos, pero mucho más eficaz cuando tuvo el balón. Estuvo cerca, muy cerca de marcar un golazo de zurda estilo Garré, que Cambeses tapó estupendamente.

Rodrigo Cabral: Con que ganas le pegó Cabral cuando se iba el primer tiempo. Con qué desahogo y con qué locura lo gritó. Que alegría, para aquellos que le vemos condiciones y pasta de crack, verlo cerrarle bien pero bien cerrado el orto a esos que no saben NADA de fútbol y que creen que, porque pagaron una entrada, tienen derecho a insultar a medio mundo y el tupé de creer que entiende más del juego que el DT mismo, como para indicar a los gritos quien debería jugar y quien no. En fin, ¿el análisis? Nos pareció super interesante el modo en que Cabral se convirtió en un interno y despejó el carril izquierdo para que inesperadamente Luna lo transitara. Ese mismo movimiento, muy interesante, sirvió para que por momentos Luna metiera diagonales y entonces Cabral atacaba el extremo con espacios. Un lindo desborde suyo finalizó en un centro atrás que por muy poquito le quedó larga a Cristaldo cuando la controló, y hubo un par de desbordes más terminaron en centros bien conjurados por la defensa de la visita. En tanto interno, se ve que tenía la instrucción de patear al arco cuando viera la chance, y sus remates fueron bloqueados un par de veces, pero vaya si pagó dividendos. Por cierto, casi anota otro gol que Gissi sacó debajo del arco “con el hombro” (?), según el árbitro, y que a todas luces parecía un penalazo y roja (lo primero que el juez sancionó) pero que luego a instancias del VAR rectificó.

Matías Cóccaro 👎: En un encuentro lleno de épica y emociones para hacer dulce, Cóccaro pasó por todos los estadios posibles. Final con sonrisa, de las amplias, que ayuda a equilibrar el que, hasta el momento, había sido un partido complicado para el uruguayo. No fue un desastre ni remotamente cerca estuvo de serlo, pero entre tantos puntos altos, alguien tenía que ser el “menos bueno” y ese fue Cóccaro. Muy flojo en el remate del penal que Huracán tuvo en el primer tiempo cuando la cancha era un hervidero y el empate se necesitaba como agua para sosegar el clima, y falto de puntería casi toda la noche. A favor, su optimismo incansable, su entrega conmovedora, la forma que en se fajó contra los centrales banfileños generando siempre un espacio para un compañero. Tanta injundia tuvo su premio, y sobre el final acertó con un tiro rasante desde detrás de mitad de cancha, aprovechando que Cambeses había ido al área del Globo a buscar de cabeza el empate en una pelota parada. Gol de bicho, gol de Zorro. Bienvenido de regreso al gol, uruguayo. Que sea el primero unos cuantos más de acá al final del torneo.

Enzo Luna: Sorpresiva inclusión en el once titular, lo de Luna fue sobresaliente. La potencia de este chico, la confianza que se tiene para encarar, el modo en que se prodiga incansablemente… Pensábamos que al ritmo que estaba jugando, no jugaría la segunda mitad o sería reemplazado a poco de comenzada esta, pero no, pasaban los minutos y los agotados eran los defensores de la visita, que no sabían como pararlo no contenerlo y los pasaba por encima. Estuvo cerca de marcar un golazo pegándole a pierna cambiada al segundo palo del arquero, desde la izquierda, en el primer tiempo. Como si todo esto no fuera suficiente, colaboró a destajo (especialmente cuando el partido entraba en los tramos finales y había que defender el resultado, escaso e injusto porque Huracán había merecido más) con Walter Pérez en la defensa. Primera titularidad, aprobada con honores por Luna, que nos ilusiona a todos con el porvenir que se le avizora.

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Matías Gómez: Ingresó por Cabral con algo menos de media hora por jugarse. Debut en la primera del Globo el día que cumplió 19 años. Soñado es poco. Con antecedentes de enganche en la reserva, se movió delante de Fattori y Cristaldo y lo hizo con desparpajo y sin miedos. Armó un jugadón en complicidad con Enzo Luna que por muy poco no logró definir ante la buena salida de Cambeses. También metíó un caño precioso en un momento caliente del partido, con atrevimiento, pero inteligente, demostrando que ni el momento ni el marco le pesaban. A llevarlo de a poco, pero que interesantísimo prospecto de cara al futuro que es Matías Gómez.

Gabriel Gudiño: Entró por un ya diezmado físicamente Garré sobre el final del partido, con la clara idea de poblar el medio y apoyar a Soto, pensando ya en cerrar el partido y cuidar el resultado.

Diego Mercado: Ingresó por un exhausto Cristaldo, con el mismo fin que Gudiño. Un claro mensaje de intenciones: “cerremos este partido y quedémonos con estos fundamentales tres puntos”. 

Juan Gauto: Entró por Luna también sobre el epílogo. Para picar con piernas frescas por si quedaba una para la contra. Acompañó el remate de Cóccaro que parecía que no llegaba al arco (e ingresó a este casi que en cámara lenta) y cuando ve la repetición, adivina sin esfuerzos que, si esa pelota del uruguayo no entraba, Gauto iba a llegar primero que nadie para empujarla.

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