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Nicolás Cordero y Lucas Merolla jugaron su primer partido como titulares y no escaparon a la mediocridad general. La doble competencia les brindará otras oportunidades para mostrar su repertorio. ¡Tranqui!


No es fácil destacarse en Huracán. Y más aún en el Huracán alternativo que estamos viendo, sin manija ni rumbo claro. Independientemente de ello, para Nicolás Cordero y Lucas Merolla la noche de ayer será inolvidable. Al margen de la derrota ante los tucumanos, ambos disputaron su primer partido como titulares en la cancha más linda del planeta, con la camiseta que enamora. El sueño de muchos, y sólo por eso valdrá el recuerdo.

Ahora bien, sus actuaciones distaron bastante de lo que esperamos.

El delantero de 19 años atraviesa uno de sus mejores momentos, situación que fue coronada por Fernando Batista. Ayer el técnico de la Selección Argentina Sub-20 lo convocó (también a Seba Ramírez, categoría 2000) para disputar una serie de amistosos en España, entre el 18 y 24 del corriente mes.

Con la noticia, el domingo no pudo haber arrancado mejor para Nico. Sin embargo, en lo futbolístico y llegada la noche, su desempeño fue opaco. Compartió dupla ofensiva con Andrés Chávez, alternando con el propio Comandante la entrada y salida del área para pivotear, y también las diagonales hacia afuera, “a lo Gamba”. Esa pareció ser la idea. No obstante, participó del juego en contadas ocasiones, cuando se la dieron redonda –dos veces- eligió mal y tampoco le acertó al arco en la única ocasión de gol con la que contó, precisamente tras un centro del ex Unión.

Físicamente se lo nota óptimo, armado legítimamente para comenzar su adaptación a la Primera División. Parece un dato irrelevante, pero no lo es si revisamos algunos debuts que hemos visto en los últimos años. Cordero chocó y lidió de igual a igual con dos centrales corpulentos como son Acevedo y Moreira, y en ese roce la diferencia no se notó. Tampoco se puede cuestionar su despliegue, aunque esperamos mucho más de él. Las condiciones están.

Por el lado del central, que venía de dos temporadas con continuidad y buenos rendimientos en Español y Guillermo Brown, el análisis incorpora varios aspectos negativos puntuales en los que deberá trabajar. El uso de los brazos, lo primero. Se cargó de faltas rápido y, si bien el fútbol no es básquet, la imposibilidad de controlar o anticipar a Luciano Pons sin cometer infracciones condicionó su confianza. La buena: en el juego aéreo se lo vio sumamente seguro.

La perla negra de Merolla llegó en el complemento. Cedió en corto y hacia atrás una pelota blandita, comprometedora, que a Sills le quemó los pies y el cerebro: presionando, sólo atinó a puntearla para adelante. Altuna, delantero del Santo, estaba encima y se llevó el rebote (mano no pitada por Merlos, al margen), para luego esperar la salida de Pellegrino y cederle el gol a Pons. Fue el 3-1. Lapidario para un conjunto sin química futbolística.

Esperemos que en sus próximas participaciones tanto Cordero como Merolla logren mostrar un repertorio acorde a las necesidades y obligaciones del Globo.

 

Imagen: Prensa Huracán

Periodista, ex Olé. El fútbol no es un juego: es todo

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