por  Hugo Barrientos 17/04/17

Lo barato sale caro

Seguramente muchos han escuchado esta frase, y me arriesgo a decir que lo habrán hecho hasta el hartazgo. Sin embargo, el verdadero hartazgo nuestro no proviene de este trillado enunciado, sino de una necedad dirigencial y una soberbia que nos remonta a atravesar situaciones nada agradables, de las cuales aún perduran desagradables cicatrices en los rincones de nuestras almas y de nuestro querido Huracán.

Estamos ante una expresión tan vociferada, tan internalizada y tan aprendida; y a pesar de ello, la dirigencia de Huracán que encabeza Alejandro Nadur, parece que jamás oyó esas cuatro palabras que conforman ése saber popular. Es más, desafiando esto se atrevió a meterse en una marea brava sin un salvavidas que nos resguarde del desastroso naufragio al que nos condujo.

Al Ducó lo invade la nostalgia de lo vivido hace unos meses. El dejar atrás el infortunio que nos azotó durante muchos años, es apenas un cálido recuerdo de viejas añoranzas del pasado. Nada describe mejor la situación del Globo que una frase tan llena de polvo y un tanto enmohecida que teníamos guardada en el cofre de los tropezones, y que pensábamos que ya no nos iba a servir: “Huracán revive muertos”. El partido del viernes ante Arsenal justificó su reutilización. Los de Sarandí hacía 15 partidos no ganaban y más de un año que no lo hacían en condición de visitante. Están a un paso de perder la categoría y se ubican en la última posición de la tabla.

La derrota del sábado despierta broncas y abre interrogantes: ¿Tan difícil era traer un nueve? ¿Qué pensaban cuando decidieron arriesgarse a afrontar el campeonato con un equipo diezmado?  ¿Quién fue el responsable de dejarnos a la deriva sin refuerzos? ¿Por qué no se reinvirtió el dinero de la venta de los pases de Wanchope y Espinoza para rearmar el plantel? ¿No escucharon los llamados de atención propios de estar en los últimos puestos y peleando por la permanencia?

Avisos hubo, claro que sí. Ante Vélez, Patronato y Atlético Rafaela estuvieron las advertencias más recientes. Las anteriores –y más graves– fueron las iniciales 14 fechas de este certamen que disputamos el año pasado, en donde apenas conseguimos 11 puntos de los 42 en juego. Cualquiera que entienda algo de fútbol (y cualquiera que no) hubiese hecho caso a esos llamados de atención. Ya no cabe el perdón de que Nadur no sabe mucho de fútbol pero sí de negocios. Pasaron seis años de su asunción como presidente, pero al parecer no aprendió nada de fútbol y desaprendió su capacidad negociadora.

Huracán está formado por piezas de distintos rompecabezas que parece no dar forma de nada. El técnico poco puede hacer con lo que hay, y esto lo demuestra la falta de idea que tiene el equipo, que es la misma que perdura desde la conducción técnica de sus antecesores, quienes al igual que él no son los responsables de esto. No lo defiendo A Domínguez, no lo defiendo a Caruso y no lo defiendo al Vasco. Tampoco pido la cabeza de Azconzabal a pesar de que a mí entender, deja en el banco a jugadores claves.

Hoy Huracán paga caro el haber mezquinado recursos. Hoy lo barato nos salió un ojo de la cara. La falta de astucia para desenvolverse en el mercado de pases, la tacañería a la hora de destinar recursos financieros del club en jugadores y las inversiones inútiles e innecesarias nos llevaron a un presente sórdido en el que el dinero “ahorrado” ya no sirve de nada. La maldición no está desterrada, el perverso fantasma que parecía haber quedado atrás, volvió al acecho. Hoy tenemos un nuevo desafío. Uno que ya conocemos. Ya es un hecho, tenemos que pelear por la permanencia.

En fin, sólo me resta pedir perdón a todos lo Quemeros por no hablar de fútbol pero Huracán no deja mucho para el análisis. Además no quiero redundar en algo que no es novedoso, eso que todos decimos y sabemos: se juega mal, muy mal. También pido disculpas por no haber escrito una nota y usar estas líneas como un desahogo, como una vía de hacer catarsis y canalizar la bronca que da vivir lo que estamos viviendo. Sé que a vos te debe pasar lo mismo, y por eso confío en que me vas a entender. Nos leemos la próxima fecha y espero que sea con buenas nuevas. A pesar de todo la esperanza está intacta.

 

¡Abrazo fuerte!
 

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